23 de septiembre de 2006

Capullo



Blanco. Un blanco de nieve invernal. Las mejillas ruborizadas por la excitación ante lo desconocido recorren su rostro de ángel impávido. Se abre una boca cual caverna de misterios y sensaciones haciendo lugar a la incipiente aparición de su interno ser.

Un rojo enfurecido y húmedo proviene de su vientre. Hace décadas que su serpiente carmesí la recorre, retorcida en sí misma, forzando su salida. La náusea la hace brotar casi espontáneamente y, en sosiego, un capullo tomará su lugar.

Brotan solitarias. Florecen de sus senos dos flores escarlata, ambos capullos de matiz purpúreo. Se desenroscan en ambiguas dimensiones, reestableciendo su dicha y su contento. Comienza a caer complaciente, silenciosa, reflejando en su rostro la resignación.

Con un quejido se contrae la dama de impávido semblante, desde los pies hasta exhalar un último suspiro. Un rodete de cabellera obscura y ennegrecida, único vestigio de su presencia.

Su blanco capullo de vientre carmesí.