2 de octubre de 2006

Tristeza e Solidão

Agua que no has de beber, déjala correr.
Salmón que no has de comer, déjalo correr contra la corriente río arriba para aparearse y desovar durante la ultima etapa de su vida.
Salmón que no has de asar, déjalo nadar porque usualmente tantos lo hacen al mismo tiempo que muchos se mueren ahogados antes de llegar.
Al fin y al cabo siempre se le echa la culpa a la ficción por inventar escenarios incoherentes y novelescos que en el jamás de los jamases ocurrirían en la "vida real". Pero la vida real es el nombre de un reality show y ya todo se confunde con todo. Qué es real y qué es real queda en manos y en la conciencia de cada uno. Si cada día se parece más a la dimensión desconocida entonces bueno, a convivir con eso. Serán dos o tres minutos de un real ataque de noentiendoabsolutamentenadaylreputaqueloparió y ya está.
Volvemos a la realidad, al mate cocido y a las tostadas.
Volvemos a Juana Molina de fondo y al plop plop clap clap chas chas brum brum de la lluvia, la tormenta que tan bien acompaña a la tristeza e solidão. Hay tiempo de sobra para escribir de manera redundante acerca de los clichés del chart de alice.
El mundo novelesco está hecho a nuestra medida
Qué se yo.

Filosofía del pedo psicológico

Desde los 13 años hasta hoy fui descubriendo una nueva filosofía de vida. Un nuevo modo de ver las cosas desde los ojos de una muchachita de catorce años a punto de cumplir sus quince primaveras-otoños-inviernos y veranos. "Los trece" es una edad especial. El trece es el número de la mala suerte. Trece puede ser el número de veces que cometemos el mismo error. Y ni hablar de tener que viajar o rendir un oral un viernes trece.
De todas formas, el trauma o no de los trece-catorce-quince no viene al caso. Lo importante es la sabiduría adquirida a partir de esa edad. Edad en la que el control deja de ser controlado y se desata un torbellino de emociones y experiencias completamente nuevas.
Lo primero a destacar (y probablemente lo único que se destacará a lo largo de este "ensayo") será el contacto con el alcohol (las putas, el sexo y el rocanrol serán dejados para una futura y posiblemente inexistente entrada en este blog visitado por, prácticamente, nadie). El alcohol como desinhibidor, como compañero de viernes y sábados. El alcohol en el que nos sumergimos cuando el "amor de nuestra vida" nos dejó por el chico alto de rastas con olor a coco.
En el peor de los casos, nuestro amigo el alcohol (luego de varios y diversos tragos) nos jugará una mala pasada y terminaremos cayéndonos contra alguna pared, llorando y con el rimmel corrido. Otra situación posible es encarar al trava de la puerta y luego olvidarnos de todo lo acontecido. Pero también existe el siempre posible final feliz de la mano de nuestro enemigo el alcohol que nos lleva a declararle nuestro amor a la hermosa chica de cabellos rubios y pollera tableada.

¿Pero en qué consiste la filosofía del pedo psicológico, tan conocida por absolutamente todo ser viviente sobre la faz de la tierra?

Simple. Todo pedo es o deja de ser acorde a nuestras necesidades del momento. Si no hay alcohol, al primer vaso de cerveza vemos a chatrán en la botella bailando el ula-ula. Si hay mucho alcohol (y lo consumimos) no hay hígado que resista: lo más probable es que uno termine abrazando el inodoro y ahi ya no hay psicología que intervenga en mi filosofía del pedo fantasioso.
Por otro lado, podemos ver el ejemplo fiesta de quince o casamiento de la prima-hermana. A los quince, nuestros progenitores y padres de amigos creen en toda su ingenuidad que nosotros (los adolescentes) consumimos liberty y anana fizz. Y lo más probable es que la parte del ananá suceda. Lo diferente es que a esa edad con un vaso de ananá chatrán aparece en el techo y en las cinco paredes que percibimos con nuestros mareados y borrosos ojitos. Entonces entra en juego el pedo psicológico, el control del descontrol.
Sabemos que estamos rodeados de padres preocupados, entonces el pedo real se transforma en pedo fantasioso: no se nos cae el vaso largo de la mano haciéndose añicos contra el peso. Lo balanceamos coordinadamente al ritmo de la salsa que pasen en el momento. El rimmel no lo tendremos corrido; lo controlaremos asiduamente en el espejo del baño. El griterío animal del adolescente ebrio se transformará en una pequeña mueca risueña. Jamás sacaremos a bailar al mozo guapo; elegiremos al primo decente o bien al pariente más lejano, el que sabemos que baila bien, bien mal para así disimular los pasos torpes de todo nuestro ser encopetinado.
El pedo psicólogico no tiene límite de edad, no discrimina sexo ni religión. El pedo psicológico es progre. El pedo psicológico es el puntapié inicial, el ice-breaker.
El pedo psicológico te salva de caerte contra la pared ante los ojos de mil desconocidos, evita que se te corra el rimmel caóticamente, logra que le declares tu amor a una simple desconocida. El pedo psicológico es el mejor amigo del look savage. El pedo psicológico es el mejor amigo de la rebeldía.