8 de enero de 2008

Sueño con trenes


Fue en una estación de tren, y no estaba sola, alguien me acompañaba. Era un amigo, era un alguien, bien no lo sé. Pero me ayudaba, como ya me pasó en mi realidad de hace unos años, y a su vez alguien me perseguía. El ayudante y el persecutor. Soñé con una estación de trenes y el alguien me perseguía o perseguía a otro alguien y se generaba una confusión de alguienes típica de los espacios oníricos y por qué no reales entre vísceras y almohadas. La distracción se hacía carne y era cuestión de vida o vida el poder escapar entonces corríamos y corríamos y corríamos en una estación de trenes enorme y mis dos alguienes corrían bañados en desesperada picardía y se perdían en la multitud mientras yo distraía al alguien persecutor que también corría y le decía:


- Mirá, vení! Allá está! Hay una gran recompensa!



Entonces continuaba la persecución y:



- Allá está el tren…subamos!



Y subía un alguien entre muchísima gente y yo también subía a medias entre mis intenciones de puro engaño con una mueca de quién sabe qué en el rostro pero el tren comenzaba su marcha y ZAS me tiraba nuevamente al piso y retomaba mi maratón en busca de mis alguienes y corría y corría y corría entre miles de trenes y viajantes buscándolos.

De repente, todos los trenes marchaban al unísono y si quería continuar mi viaje debía aferrarme a alguno sino los perdería para siempre y en un ta-te-ti de decisiones apresuradas me subía al primero que alcanzaba mi olfato. Pero no existía su interior, me aferraba a la superficie superior subiendo por unas escaleritas angostas pero seguras en mis manos y junto con mi mochila cargada de historias comenzaba mi viaje nocturno entre estrellas y montañas y giros y contra giros y volaba y pasaba de repente por un túnel obscuro y me arrojaba hacia un precipicio de médanos de pasto y flores primaverales en la noche de la luna llena más grande que había visto en mi vida. Nuevamente volando desde las delgadas escaleritas el tren se precipitó hacia ese infinito verde oscuro y era imperioso hacer algo, no iba a aguantar…


- Te tirás conmigo?


Cerca del campo nos tiramos de la mano y flotábamos hacia el costado de las vías donde otro tren pasaba y estallábamos en un llanto de felicidad.