26 de febrero de 2008

poesía estilo libre

chirusa, veni


a vos que te gusta hablar por teléfono
eh, vos, actitud G.
llamalos a esos pelotudos
ese vendedor tenía una cara de judío...
vení, chirusa, vos que no estás haciendo nada
comprame un yogurt con cereales
paso y te toco la cola o te golpeo
sacá un papelito y anotá el precio
si esa no tenía cara de $99...
limpiá un poco el tarro del gato
no hay lauchas porque acá viven gatos
esta esquina está llena de travestis
con el palo rompieron el vidrio y me afanaron lo del día
zuni le puso mucha sal a las croquetas de arroz
bajá y arreglá la computadora por si viene M.
vos no deberías estar haciendo eso!
ay, hoy cómo están, los voy a matar a todos
las de la librería, esas son conchetas
por eso le decimos las chetas
no te parecen re chetas?
atienden un negocio limpio todo el día
son rubias, lindas y caminan con unos tacos así
cómo me gustaría un café ahora
mandame un fax
te dije que no te había dicho que no andaba, te lo dije
ayyyyyyy
este folleto es de zurdito, mirá, dáselo a P.
a vo´ te conseguimo´novio´
vos no lo mires porque mirás feos
el perro mojó la cama de M.
tenés una aureola en la espalda
cómo me gustaría un poco de agua ahora
a zuni la voy a echar
a ustedes ni para comer les voy a dar
sabés lo que hizo M... ?



chirusa, vení

22 de febrero de 2008

.

equivocado
no es aquí
señor

19 de febrero de 2008

Asalto en Ginebra


Venía desde Roma en avión sin saber aún que el camino era otro por completo. La estupidez/ignorancia de mi elección me llevó a vivir una de las situaciones más insólitas de todo el viaje, y por supuesto, una de las más comentadas. Semejante anécdota no debería pasar inadvertida, así que aprovecho este momento de lucidez, inspiración y escasez de vagancia para contarla una vez más.
Estaba en el avión del lado de la ventanilla. Me dirigía hacia Suiza, donde me esperaba ella, Loi. Según mis planes, el camino era sencillo. Avión, aeropuerto, estación de tren, kiosco de revistas, caminito y bar. Y luego casa. Y cama. Y comida.
Miraba por la ventanilla y veía esas luces nocturnas tan desconocidas, esa ciudad que no conocería. A mi lado dos hombres de mediana edad hablaban en francés, y por más que me esforzara por exprimir los pocos conocimientos del idioma que había llevado conmigo, no lograba captar ni medio de lo que elucubraban esos dos hombres. Miraba sus manos y envidiaba las latas de cerveza envueltas en sus dedos, las sobras de sánguche entre sus dientes/bigotes. No, la situación ya no daba para más. Mi rostro de perro sarnoso y hambriento les habrá llamado la atención, porque al poco rato el señor que se encontraba a mi lado me habló. Primero en un francés que, obviamente, no comprendí. Le respondí, también en francés, que no podía entenderle, que sabía muy poco hablar en su idioma, y si podía hablarme en inglés o en español. Resultó ser muy amable, porque en un santiamén cambió la perillita del idioma de francés a inglés y me preguntó si quería tomar algo. En ese momento pensé que los hombres eran iguales hasta en un avión yendo a Suiza, y también pensé que yo era igual de atorranta en cualquier parte del mundo. Fingiendo inocencia le respondí que me encantaría, pero que mi bolsillo de mochilera no me lo permitía, apenas había podido conseguir ese vuelo a un precio medianamente aceptable. Sonrió y me dijo que él invitaba, y en ese momento la imagen de un zorro ocupó gran parte de mi mente. Charlamos de temas triviales, él resultó ser un hombre casado con hijos y que viajaba todos los días por trabajo. Y por algo más, supuse yo.
El viaje duró poco (por suerte), y pronto llegamos a destino: el aeropuerto de Ginebra. Entonces, ese fue el comienzo de mi suplicio. En escasas horas el idioma pasó de italiano a francés y yo creía que estaba parada en Saturno. Lamentable fue para mí saber poco y nada de francés, tener un promedio de -7 en italiano y ser un as del inglés. Ahí a nadie le interesaban mis grandes cualidades angloparlantes. Ni hablar de mi español. Así que a duras penas, apretada entre todos los que descendían del avión, le hablé a la señora de la recepción. Mi único interés era saber dónde tomarme el tren que iba a Locarno. Y pareció a propósito, pero entendí perfectamente lo que me dijo en su dulce, entonces áspero, francés: "La estación de tren cerró ya. El primer tren sale a las 6am". Yo sé que estaba pálida, pero en ese momento seguramente me hice transparente por algunos segundos. Eran las 11pm y afuera no había nada...solamente nieve/lluvia, frío y una ciudad que no conocía, y como todo lo que desconozco, me daba temor. No tenía Francos, no tenía comida, no tenía bebida, estaba sucia y olía muy mal. Y para peor, estaba sola. Y para peor, de a poco, las luces se fueron apagando hasta cercar con la poca luminosidad que tenían el sector donde estaban los asientos, al lado de la más que cerrada puerta de vidrio hacia la estación de tren.
Poco a poco el lugar se fue despejando, las azafatas salían o se iban en otros vuelos con sus trajes perfectos, sus rostros perfectos, sus valijas perfectas y sus zapatos perfectos.Y quedé yo, desorientada, con mi valijota nada perfecta, mi peinado nada perfecto, mi higiene nada perfecta, y mi estómago nada perfecto. Me vi tan sola que no sabía qué pensar, esa soledad me daba más miedo que esa pseudo-oscuridad. Tuve la suerte, sin embargo, de que existiera otro alma desorientada como yo. Su nombre era Sarah, era de California, y tenía que esperar el próximo vuelo de regreso a casa. Serían 5 horas de compañía con una perfecta desconocida. Peor es nada, y estuve sumamente agradecida por su presencia.
Sarah era estudiante de teatro y tenía el cuerpo y la presencia de un artista. Delgada, de rasgos achinados, delicada, alta, esbelta, y vestía completamente de negro. Le faltaba la boina y la hacía completa. Pocas horas después la observé dormir escandalosamente recostada sobre dos asientos, con el pelo en la cara y la boca completamente abierta. Estuvimos hablando de la experiencia de cada una, qué hacíamos, qué íbamos a hacer, hacia dónde íbamos...un montón de preguntas existenciales del tipo.
En un momento me preguntó si había comido algo y le dije que no, e inmediatamente me paré y caminé por el pasillo semi oscuro buscando alguna medialuna que algún empleado distraído haya dejado en el bar. Nada, todo bajo llave. La situación no daba para más. Supongo que serían las 2am y Sarah recordó su comida de astronauta: una barra de cereales de dudosa procedencia y otra barra chiclosa que según ella contenía muchas proteínas. Yo le hice caso y tragué la barra de cereales y la barra chiclosa. Lo triste es que no había agua para hacerlo pasar por la garganta. Lo feliz es que mi estómago dejó de quejarse.
Cuando agotamos nuestras preguntas existenciales, Sarah se disculpó y me pidió permiso para dormir un rato. No sé qué tipo de autoridad tendría yo sobre su necesidad, pero le dije que no había problema. Todavía tenía hambre y había dormido muy poco. Todavía tenía sed y había dormido muy poco. Todavía estaba preocupada, y sabía que me faltaba rato para poder dormir un poco.
Dejé mi valijota/mochilota y todo lo que llevaba colgado, me paré en mis dos patitas y decidí recorrer un poco el pequeño lugar donde estaba, ya no en busca de medialunas extraviadas, sino para pasar un poco el tiempo mientras Sarah roncaba acurrucada entre los asientos. Después de mi expedición volví hacia mis pertenencias y hacia Sarah, la bella roncante, y me encontré con la visión más terrorífica de todas las visiones terroríficas. Una señora, de poca estatura, delgada, pelo largo, muy largo y canoso, lentes grandes, redondos y oscuros, vestida con pantalones de leopardo y un saco de piel sintética, entró por una puerta. Con ella entró una brisa fría que me puso la piel de gallina. Me quedé parada, dura, como una momia y la vi acercarse a mí...cada vez más, cada vez más. Frente a frente, podría decir que todavía recuerdo su aliento, la miré con una mezcla horrible de sensaciones y predicciones y me dijo: hi...en un inglés achinado.

"Hola", le respondí yo.
Cómo estás...
Bien, gracias
Qué haces por aquí?
Espero a que abra la estación de tren...
Y por qué no sales a ver la ciudad? Si vienes conmigo podría hacerte conocer todo lo que jamás hayas visto...
No, gracias, prefiero quedarme, porque no sé a qué hora sale mi tren, y estoy muy cansada
Segura? Porque nos subiríamos a un colectivo y...
Segura, gracias igualmente
Y hacia dónde tienes que ir, exactamente?
A un pueblito, a la casa de una amiga
Dónde
No sé exactamente el nombre...

***

Seguíamos enfrentadas, muy cerca una de la otra, su postura era amenazante y la mía se preparaba para lo que tuviera que suceder.

***

Sabes de dónde soy yo?
No...
Vamos, seguro que adivinas...
No, creo que no, no sé

***

Se sacó los anteojos y no quitó su mirada de mi propia mirada. Si hubiese tenido algo en la vejiga, seguro que me hacía en los pantalones en ese mismo instante.

***

Y ahora? Seguro que ahora adivinas...
No sé...
Ah!!! De China!!!
Aahh...

***

Era como Yoko Ono en tiempos de hambre.
No comprendí qué hacía ahí, pero sí comprendí sus intenciones macabras. No tenía escapatoria, no había hacia dónde ir ni excusa que poner. Estaba atrapada con Sarah y con Yoko en un aeropuerto en Ginebra. Mi tren no saldría hasta dentro de varias horas...y la falta de comida, bebida y sueño estaba jugando a la ruleta con mi mente exhausta.
Intenté entablar algún tipo de conversación normal con la señora, pero era un caso perdido. Sin esperar mucho se ofreció a cuidar mis pertenencias mientras yo buscaba el tablero de horarios de tren que ella misma me había dicho que se encontraba al final del pasillo a la derecha. Supuse que no tendría nada que perder si lo buscaba...pero de ninguna manera dejaría mis cosas con esa arpía. Insistió, con gran amabilidad: "por favor, no dudes, yo cuidaré tus cosas mientras te fijas tranquila en los horarios del tren".
"Ésta, vieja puta"
Agarré todas mis cosas y me las cargué encima. Dejé a Yoko con Sarah, la bella roncante, y caminé hacia el fondo del pasillo. Doblé a la derecha. No encontré ningún cartel. Suspiré, tomé aire, miré nuevamente al vacío y decidí que no volvería hacia donde estaba Yoko. Y lo lamento por Sarah. Tomé otro camino y salí a la lluvia, me mojé un poco y cuando finalmente no soporté más el frío en mis huesos entré nuevamente. Sarah estaba sentada con una expresión rara en el rostro y no había señales de Yoko. Me preguntó quién era esa vieja loca que se le había puesto a hablar sin parar y que preguntaba tanto dónde estaba yo. Pero sabía tanto como ella...y a Yoko no la volví a ver.
Al menos yo....

14 de febrero de 2008

Cambia, todo cambia...

Y primero que nada, cambia la plantilla del blog. Ya ese negro emo-dark-alternativo peuso-depresivo me tenía los ovarios asados y la verdad que no tenía nada que ver con el estado de ánimo que vengo manifestando últimamente. Así que ahora lo cambio por este verde-esperanza con tonos de selva y naturaleza y la verdad que si encontrara uno rosa con corazoncitos saltarines que funcione bien...lo usaría. Qué tal eh?
Y como era de esperarse, llegó el 14 de febrero que odié tanto durante tantos años de mi vida (no es el mismo odio que le tengo al día del padre/madre/tortuga/arquero o navidad) por el simple hecho de que siempre los pasé sola, renegando de mis relaciones (si las tenía) fallidas y de por qué nadie me quería y era un alma solitaria en el mundo sin su medio limón. Momento...debería volver a la plantilla anterior.
Bueno, siguiendo con el relato, este 14 de febrero es diferente. Sí, muy diferente, porque mañana pasarán cosas que nunca antes me habían pasado en la vida, y que hace un año no imaginé tampoco que sucederían. A veces uno se sorprende con las cosas que le ocurren, ohhhh!! ¬¬

Todo comenzó, básicamente, así:

Supongamos que nos subimos a la máquina del tiempo que le compramos en mercadolibre a manochanta345, y viajamos hacia el año 2004, o 2005, más o menos por ahí. Recién me insertaba en el mundo fotologgero (sí, tuve un fotolog mucho tiempo antes que este blog existiera y lo sigo teniendo) y la cantidad de fotos de gente extraña era abrumadora. Casi tan abrumadora como mi incapacidad de llevarme bien con la tecnología teniendo 21 años y estando en el siglo XXI (me parece que mañana bajo a la agencia y le juego al 21...). Todavía estaba en el secundario y mi tortismo ya venía revolucionado hacía bastante tiempo. Como suele suceder en esos ámbitos, uno se hace amigos y se junta con sus pares...en mi caso, otra torta, que resultó ser muy buena amiga y con la que hoy compartimos ciertas cosas como ser el fulbito de los domingos. Tortillera mode: recontra requete on. Atemos cabos: fotolog + amiga torta del secundario = mirá el fotolog de la chica más hermosa del mundo. La verdad es que contando esto me siento como si tuviera 12 años de nuevo...pero les juro que vale la pena. Así fue que mi compañera M. me pasó el fotolog de una chica realmente especial. A partir de ese día, la escribiente se puso en voyeur mode: on y así estuvo por dos años.
Hasta aquí podrán pensar que día tras día estuve sentada frente a mi pc observando cada movimiento, cada nueva foto, cada nuevo todo. Bueno, les aviso que no fue así. Ni siquiera leía los comentarios, ni siquiera sabía su nombre ni lo que hacía, ni cuántos años tenía ni nada...pero había algo en esas fotos que me cautivaba. A veces me olvidaba de ese puntito en el ciberespacio, y a veces lo recordaba, y así sucesivamente...hasta que pasaron dos años. La vida continuaba, yo ya no estaba en el secundario, había ingresado a la facultad, había hecho un hermosísimo viaje a Europa, había probado el delicioso vino verde, me había erotizado con mujeres vascas (?) y demás yerbas extranjeras...Muchos cambios ocurrieron en mi vida una vez salida del horno que fue mi secundario y uno de ellos fue que finalmente conseguí lo que desde los 11 años deseé con uñas y dientes y corazón. Sí. Un equipo de fútbol femenino, sin compromisos, sin remeras, sin clubes, sin competencia animal. Simplemente un grupo de minas que sintieran pasión por la pelota. Recuerdan el tortazo mode: on? Seguro que con eso les refresqué la memoria.
Cada domingo nos juntábamos, corríamos como hormigas tras la pelota e inundábamos las canchas con gritos exasperados de agotamiento y excitación. Un verdadero desastre. La verdad de la milanesa es que ninguna de nosotras era demasiado brillante en el asunto de la gambeta, pero eso no era lo primordial.
Pasó el tiempo, llegaron las vacaciones del 2007 y como siempre...me fui a la costa. Eso significó cortar el asunto del fulbito dominguero, pero sería solamente por un corto tiempo. Cuando finalmente volví, mi mente estaba puesta en reincorporarme al equipo profesional de gritonas de Q. F. Entonces ocurrió lo inesperado..."Sabés quién viene a jugar el domingo? Adiviná...P.", dijo la voz trémula de mi querida compañera M. No recuerdo bien cuál fue mi reacción en ese momento. Pero cómo reaccionaría alguien que estuvo dos años viendo las fotos de la mujer más hermosa del mundo ante la noticia de que vendría a jugar al fútbol y de que...era lesbiana!?!??!!? Alguien que me alcance una silla, porque me desmayo.
Así fue...que un domingo la conocí. Recuerdo que sudaba más de lo normal y que en verdad no sabía mucho qué hacer con mi propio cuerpo. Eso de enfrentarse en una cancha con alguien bajo esas circunstancias es algo bastante complicado. Ella había venido con su grupo de amigas, más bien...su equipo de fútbol, toda gente seria y entrenada, no como nosotras, alcachofas desnutridas. Y estaba el tema de la comunicación. Todas chicas hipoacúsicas, y todas nosotras simios incapaces de modular como si fuéramos gente civilizada. Por suerte, eso no resultó ser una barrera entre el nuevo grupo que se estaba gestando, de hecho, abrió la puerta a que nos conociéramos un poco mejor, a que nos animáramos a encontrarnos fuera de las canchitas de Q.F. y que cada martes o domingo nos sentáramos en un bar de mala muerte abajo de la autopista a compartir unas cervezas, unas empanadas, unas señas y por qué no...algunos romances.
Volviendo a ese domingo, también recuerdo que la miraba, que sin darme cuenta la seguía (la estaba marcando, guiño, guiño) como un perrito. Eso sí: me daba cuenta de que nos estaban ganando 231 a 2, pero eso no era nada importante para mí en ese momento. La miraba y buscaba su mirada, pero lo único que encontraba era una mirada fría, un ceño fruncido, y una postura amenazante. Tiempo después comprendí el por qué, y también supe que detrás de esos ojos de hielo se encontraba el corazón de alcaucil más dulce y tierno que jamás había conocido. Supe que esos ojos de hielo también me miraban, pero a escondidas de mí y de los que nos rodeaban.
Entre el grito de nuestras voces, el silencio de sus labios y el aullido de sus manos, no tuve mejor idea que proponer una juntada después del partido. La idea fue recibida con entusiasmo, y todo eso me llenó de alegría. Si era lo que deseaba desde hace tanto tiempo, cuando todavía era una nena y ya acompañaba a mi viejo a los bares a tomar licuado de banana para ver el Boca-River. Así fue que una noche, un martes 13, después de un partido en el que también perdimos como en la guerra, nos sentamos en ese barcito de mala muerte bajo la autopista, a tomar cerveza, comer empanadas, aprender señas y compartir.
Y hasta ahora todo muy romántico, claro. Así que para mantener el status de tortazo mode: on les comento que esa noche éramos como 12, no lo recuerdo (oc-viamente) y que en la mesa hubo alrededor de 30 botellas de cerveza (con esto arruiné el relato? espero que no). Ya todos sabemos cómo terminan esas noches. Igual no es cuestión de esperar nada descabellado, nadie murió y todas volvimos sanas y salvas a nuestros hogares. Pero antes de eso ocurrió lo siguiente:

La única explicación que le encuentro a lo siguiente, es que el alcohol nos hizo sufrir algún tipo de regresión a 7mo grado. Por algún motivo, un celular se transformó en una botellita, y no sé si en realidad estábamos intentando jugar al semáforo o eso de revolear un celular también era una seña que nos querían enseñar (jojo). La cuestión es que el celular giraba y giraba, pero la verdad es que nadie se estaba haciendo cargo del asunto, sobre todo yo, que estaba apartada, al lado de un árbol, hablando con P. La conversación fue algo así (embarazadas, lisiados y cardíacos, abstenerse):

S:- Y? Dale, contame, te gusta alguna de las chicas? (sí, sé que soy una bestia, pero sepan entender...30 cervezas?!?!!?)
P:- Sí, tal vez, no sé, por qué me preguntás eso? (ella estaba más en sus cabales que yo, obviamente)
S:- No sé, soy curiosa...y quién te gusta, dale. (entiendan, reescribir esto y que alguien lo lea es un proceso difícil para mí)
P:- Bueno, no sé, yo no te conozco, no sé si puedo confiar en vos (ella definitivamente era una chica centrada)
S:- Dale, obvio que podés confiar en mí...de verdad te lo digo, soy una tumba (jaaaa??)
P:-
Ja! No sé...
S:- No sé...te gusta M.? O tal vez A. ? O quizás alguna de tus compañeras? Dale, contame
(a esta altura, cualquiera que no tuviera la paciencia de P. me hubiera mandado a comer panchos a la costanera sola y de noche)
P:-
No, por qué las nombras a ellas? No, no me gusta ninguna de ellas...
S:-
Y entonces quién? ("tonta pobre tonta...una soñadora...")
P:-
No sé, después te digo...
S:- Dale, no seas así, contame ahora.
P:- Bueno, en media hora te digo (a partir de este momento P. perdió cualquier rastro de cordura que le quedara)

Después de semejante conversación...volví hacia el celular giratorio (creo que seguía girando) y pregunté la hora. Oc-vio que P. no se iba a escapar sin darme mi respuesta! Pasó la media hora, yo creo que aprendí a decir algunas palabras en lengua de señas, y busqué a P. para continuar con mi interrogatorio. Ella, un tanto huidiza, respondió: en quince minutos.
Yo creo que la cerveza ya nos había carcomido las neuronas, porque a mí nadie jamás me había hecho semejante jueguito. Sin embargo, sí que fue dulce...Pasaron los benditos 15min. y de frente manteca busqué a la interrogada y le dije: y? Su respuesta no se hizo esperar...acercó esos labios fulminantes a mi y al oído, como un suspiro, me dijo: vos. Este momento también fue meritorio de un pasame la silla que me desmayo, pero por suerte yo ya estaba sentada. Incluso siento que me desmayo ahora de sólo recordarlo. Y ahora también estoy sentada, así que no hay nada de qué preocuparse.
Oc-viamente que en ese momento sufrí algo así como una parálisis momentánea y las neuronas se me terminaron de licuar, pero lo poco de entereza que me quedaba la usé para buscar su mano detrás de la silla. La encontré y la envolví, pero fugaz se escapó para mi desconsuelo.
Igual no es que se haya ido a ningún lugar lejos, se había ido a sentar para recuperarse de la vergüenza de haberme confesado lo que me había confesado al oído, o eso creo yo, porque en esas situaciones uno no ve muy bien lo que pasa a su alrededor y yo en particular estaba un poco enceguecida por todo el asunto. Sin recuperarme mucho de mi ceguera y del estado baboso de mis neuronas, continué la clase particular de lengua de señas con C. que no dejaba de demostrar su entusiasmo por nuestro grupo y porque no las discriminábamos por ser hipoacúsicas, etc,etc,etc. De hecho, nosotras también amamos lo que duró ese tiempo, sépanlo, y cada tanto lo extraño.
Y continuando con este infinito relato que parece de nunca acabar, llega la cerecita del postre...mi profesora particular ya se había cansado de mí, ya estábamos todas medio cansadas por las 30 cervezas, y cada una estaba sumergida en su mundo, feliz de estar ahí, chivadas, malolientes, comiendo empanadas y demás yerbas. Entre otras cosas que sucedían, paralelamente P. y C. hacían uso y abuso de nuestro conocimiento nulo de lengua de señas y charloteaban entre sí, pidiéndose como quien dice...favores. Así fue que repentinamente, como un sargento, C. me dijo: Dale un beso a Tamara! (ups! ahora todos sabemos tu nombre). Y como buena soldado, obediente la fulminé, me levanté de mi silla, atropellé a mi mejor amiga K. que fue testigo de todo lo ocurrido y ataqué a Tamara como nunca había atacado a nadie. Ese beso duró lo que dura una eternidad, y fue sellado con un besito en la mejilla. Según ella, fue eso lo que más dulce le pareció de mí aquella noche.
Esto ocurrió un 14 de febrero de 2007, y aunque quizás las circunstancias iniciales hayan resultado un tanto bizarras, desde ese día no nos separamos. Es el día de hoy que cumplimos 1 año desde ese primer beso...y lo que vino después, bueno, eso ya es otra historia.



Feliz 1º año, mi amor, este pequeño (?) relato es para vos






12 de febrero de 2008

el placer de aprender y ponerlo en práctica, Fase 1

El título la verdad que es cualquiera, sobre todo la parte de "Fase 1" porque de seguro no habrá Fase 2 ni mucho menos Fase 3, ni nada que se le asemeje.
Todo esto viene a cuento de que hoy, como pocos días al mes, me tocó salir a tramitar...sí, hacer largas colas en el banco para sacarme de encima todo ese dinero sucio y maloliente que OBVIO que no me pertenece sino no lo estaría gastando en el banco sino en putas, ron y tabaco. Bueno, para putas ya tengo a...cómo dice? guiño, guiño.
Bueno, me tomé mi tiempo, salí de mi hermoso y fresquito departamento hacia el calor espantoso del asfalto. Admito que hoy no hace ese calor penetrante que te entra hasta por el ojete y te hierve todo lo que tenés adentro, generando una caldera infernal que puede resultar en muerte súbita o bien combustión espontánea. Pero para mí, 20º ya es suficiente y me siento torturada. Entonces salí, empecé a mover las patitas, crucé la calle, me prendí un pucho, pasé por el precioso Congreso de la Nación y me detuve a observar un segundo al señor que estaba intentando (no muy fructíferamente, debo decir) limpiar las pintadas que con orgullo y fina estampa caballero ostenta el Congreso. Cosas como: "son todos chorros", "Nancy ama a Juana", "abajo el patriarcado", "Loto´s Crew" y demás pavadas callejeras. Me dio un poco de pena el señor, todos sabemos que esta misma noche esas pintadas volverán, porque así es el ciclo de los graffittis. Y bueno, seguí el trote, al rato llegue al bendito banco y la cola daba unas cuántas vueltas de caracol dentro del mismo recinto. Algo espantoso, sobre todo por la bochornosa falta de aire acondicionado. Digamos que en esos momentos algo hace clic en mi cabeza y el motor se apaga. De alguna manera extraña logro desconectarme de lo que pasa a mi alrededor y no me doy cuenta casi de cuando me paro, cuando me muevo, de lo que pienso y de lo que sucede a mi alrededor. O también me pongo a pensar en situaciones inverosímiles como ser: que entre un ladrón encapuchado y al grito de "todos al suelo!!" nos mande a cerrar el pico y a echarnos posiblemente el último garco de nuestras vidas en nuestros mismísimos pantalones. Y la verdad que esas situaciones son para hacerse encima, pero mi fantasía de superheroína me hace saltar el mostrador, pasar volando el vidrio y esconderme abajo de una mesa al lado de la caja de seguridad más segura del universo. Porque eso es lo que las superheroínas hacen, no? Convengamos que todo esto ocurre porque sería un gran problema para mis bolsillos devolver todo lo robado, y eso hasta mis fantasías lo saben.
Retomando...estaba en el banco haciendo(le) la cola y cuando FINALMENTE me toca a mí (una bendición, casi) me topo con un señor que oh casualidad es hipoacúsico. En cristiano, más sordo que una tapia. Y la verdad es que esos momentos a mí me generan toda una emoción interna y me dan ganas de desplegar todos los conocimientos de lengua de señas que adquirí en este último año (pocos, así que en realidad no sé por qué me emociono tanto). Pero a la hora de los bofes, no me salía ninguna de las señas que necesitaba, como ser "anual"...y nada más, porque qué otra cosa le iba a decir al cajero que no sea "anual"? Le pasé todo ese dinero que lamentablemente no es mío ni lo será y ya a punto de despedirme cuando el señor me dijo "listo" yo le dije "gracias" en seña. Y la verdad que la sonrisa del señor fue impagable. Y mi regocijo posterior también lo fue. Con esa sonrisa brillante me dijo "de nada" y procedí a retirarme, triunfal. Qué lindo que cosas tan sencillas a uno le alegren el día, no?

4 de febrero de 2008

Me odiás, sabés que yo también te odio

Igual ya no te odio tanto




(dinero de mierda)

1 de febrero de 2008

Mis vacaciones

Este nuevo post va un poco obligado, porque en realidad no tengo nada para comentar ni tampoco se me ocurrió otro poema para agregar a mi colección de poemas de supermercado chino.

Resulta que me fui de vacaciones que fueron de lo más variadas: me fui al Tigre con Nenu un fin de semana y volvimos hasta con anécdota que quizás en un brote de inspiración cuente para hacer reír a más de uno (si es que más de uno lee este blog).

Pocos días después me fui con mi mejor amiga estabaenelcorril...y con nuestras gallinis porteñas nos tomamos un puto bondi que se rompió en Dolores de cabeza y nos dejó ahí abandonadas por cuatro horas. Es decir, nuestro viaje a la costa, que debería haber durado 5 horas, en realidad duró nueve. Así las cosas. Vale aclarar que ahora estabaenelcorril está sobreviviendo en Bolivia y yo estoy acá. Así las cosas también.

Esos días en la costa pasaron tranquilitos, sin sobresaltos, digamos, relajo y no mucho más...hasta que vinieron todas nuestras mejores gallinis el fin de semana y nos descontrolaron en otro sector de la costa donde paran las gallinis más pudientes, no como nosotras, que como buenas gallinis humildes que somos nos "hospedamos" en un camping a 3km de la playa, frente a la ruta. Gallinis estilo gasoil.

Durante esos días, vale contar que extrañé mucho a nenuco y que ya no veía la hora de volver, aunque el corril de la costa haya sido tan bonito en compañía de mis gallinis. También, hay momentos en los que las gallinis de zona norte deberían dedicarse a vivir de matadero en matadero hasta quedar desplumadas sin cabeza corriendo por los corriles que más les gusten. Gallinis estilo homicida.

Después de haber convivido con gallinis enchapadas en oro, estas gallinis de alpaca se volvieron al corril porteño y cada una tomó un rumbo distinto. Excepto yo, que volví al mismo corril de donde venía. Gallinis visionaria, le decían. Todo fue distinto porque ahí la cosa ya no era a 3km de la cacerola sino a media cuadra y el corril tenía paredes y techo como toda gallinis se merece. Hasta heladera tenía, y una mesada de madera para degollar gallinis a rolete.

Y así pasaron los días...entre gallinis costeras, también gasoleras, y nos sentíamos los pollos más importantes del corril. Y el sol brillaba y esta gallinis transparente salía a picotear un poco de sol a ver si hacía efecto. Y lo hizo. Y ahora soy una gallinis tostada...más crocantita. Y esos días también extrañé a mi novia gallinis y removimos cielo y tierra para que un camión transportador de gallinas la acarreara hasta el corril deluxe donde estaba yo...y a pesar de los infortunios pasados, lo logramos. Entonces vivimos un fin de semana gallinesco muy romántico en los médanos, con cuatriciclo incluido. Gallinis aventureras.

Ahora estoy acá, nuevamente, rodeada de asfalto, y la verdad es que quiero volver, o irme a otro lado, porque todavía me queda un largo trecho de libertad en el corril y quisiera disfrutarlo...o tendré que esperar hasta marzo para escaparnos juntas, tomadas de las plumas, hacia las cataratas de las gallinis enamoradas.