Desperté con el gusto amargo a hiel de haber querido estirar a mi voluntad ese tiempo para, al menos, abrazar un poquitito más esa fantasía de humo, cantos, puentes y vestidos. Un humo que escondía una fiesta de roces, alegrías y bebidas de fragancia de almíbar; un puente que conducía por un camino de deseos inconclusos a la merced de mis intenciones; cantos de matiz hipnótico...
Un vestido bamboleante en sintonía con la brisa suave y turbulenta de un camino ondulante, certero y capaz de ser derrumbado por una voluntad mayor fuera de mi alcance. Una ruptura; luego, el calor del despertar, la agitación de un pecho desolado...el sepulcro o la reminiscencia.
0 comentarios:
Publicar un comentario