23 de noviembre de 2010
16 de noviembre de 2010
Once there was a way to get back homeward
Once there was a way to get back home
Sleep pretty darling do not cry
And I will sing a lullaby
Golden slumbers fill your eyes
Smiles awake you when you rise
Sleep pretty darling do not cry
And I will sing a lullaby
Once there was a way to get back homeward
Once there was a way to get back home
Sleep pretty darling do not cry
And I will sing a lullaby
Once there was a way to get back home
Sleep pretty darling do not cry
And I will sing a lullaby
Golden slumbers fill your eyes
Smiles awake you when you rise
Sleep pretty darling do not cry
And I will sing a lullaby
Once there was a way to get back homeward
Once there was a way to get back home
Sleep pretty darling do not cry
And I will sing a lullaby
14 de noviembre de 2010
6 de noviembre de 2010
III
Cruzo la muralla y me encuentro con una ciudad destruida, industrial, futurista. Las tuberías cruzan el cielo abierto y ennegrecido. Sigo corriendo porque sé que no todo va a ser así. Si corro, voy a poder llegar al otro lado de la ciudad. Del otro lado está la plaza, en la plaza está ella. No sé para qué la busco, pero sé que va a estar ahí y no puedo faltar. Sigo mi camino a pesar de que me falta el aire. Poco a poco me voy acercando... a lo lejos vislumbro dos puntitos. Van tomando forma, color. Dos puntitos en el espacio, uno al lado del otro, demasiado cerca uno del otro. Sé, a medida que me voy acercando, que a mi izquierda está ella. A su lado, otra. Yo siempre caminé a su izquierda. Esa visión me resulta intolerable. A punto de desmayarme, mi correr se convierte nuevamente en huida. Giro hacia la izquierda mientras todo se vuelve bruma; todo lo que me rodea se funde a blanco.
II
Me pongo los primeros zapatos que encuentro en el piso. Ellos siguen en la misma posición, inertes. Mis palpitaciones aumentan. Cierro la puerta y los dejo atrás. Empiezo a correr por otras calles, ya sé a dónde tengo que llegar: la plaza. Corro sin parar, pero siento que estoy perdida... tengo que detenerme a preguntar. Hay un hombre, parece una buena persona, siento que puedo confiar en él. Le digo que tengo que llegar a la plaza, que estoy perdida. Con una mano me indica que tengo que llegar a la esquina, doblar a la izquierda y entrar por la diagonal; ése es el mejor camino. Le agradezco sin palabras y me dirijo hacia la esquina, donde me encuentro con una muralla que tengo que atravesar. Dejo de correr y me paro a observarla. Finalmente, me decido.
I
Ella está ahí. Rubio etéreo, ojos claros efímeros, élfica en su esencia. De sólo verla me doy cuenta de que no hay nada más peligroso que estar ahí. Al lado está la otra, la madre. Se me hiela la sangre. No sé qué es lo que se supone que tengo que hacer... pasar una prueba, quizás. Superarlas a las dos. Sobre todo a ella, a su rubio efímero y sus ojos de hiel. El miedo se apodera de mí y decido huir; la puerta se aleja cada vez más, el vidrio me rodea, estoy descalza y se me llenan los pies de astillas. Sé que ellas dos me están siguiendo lentamente, pero siempre más rápido que mi huida frenética. Llego a un salón y hay un hombre sentado; ni siquiera se da vuelta para mirarme. Mi desesperación ya es incontenible. Empiezo a correr y atravieso la primera puerta que veo frente a mí. Corro por la calle y me doy cuenta de que sigo descalza; sé que así no voy a llegar nunca a ninguna parte. Tengo que volver. Abro nuevamente la puerta, miro hacia adentro y están ellas dos paradas, clavándome la mirada. Él fuma en el sillón. Jamás me mira.
3 de noviembre de 2010
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