17 de septiembre de 2011

Me pongo a mirar para atrás porque de pronto me doy cuenta de que no me acuerdo de nada. O que me acuerdo de todo, pero mal. O al revés. O invento. Hace dos horas y media que estoy con el cuello tirado para un costado y me acabo de dar cuenta. Mi cerebro inventa cosas que no ocurrieron y se olvida de las que sí ocurrieron. Extrañamente, las reales son las más interesantes. Si miro para atrás me acuerdo de todo, de cuándo y justamente por qué. Siempre viene bien saber por qué.
Saber por qué a mí las cosas suelen llegarme tarde.