29 de enero de 2012

Parece una jugada del destino nocturno que mientras suena esta canción de fondo, me asome al balcón y vea cómo la lluvia se avecina, con sus luces oscuras que atraviesan el cielo de la misma forma en la que me atravesaste esa noche de la que ya alguna vez hablé. Sufro de una negación obstinada, pero todavía tengo el sabor dulce que supe descubrir tanto tiempo después en la boca, en los oídos, en la punta de los dedos y en toda la piel que me cubre, que me contiene para no explotar en un sinfín de meteoritos que me nacen del pecho cuando cierro los ojos y me imagino pasándote los dedos por el pelo. Si los cierro, estoy de nuevo ahí, sentada a tu lado en alguna calle, o caminando sin rumbo a tu lado, o intentando no dormir cuando estoy a tu lado por miedo a despertarme y que la luz del día nos devuelva a esa realidad que no quisimos que nos toque. Era inevitable, uno no elige cuándo le ocurren las cosas. Es inevitable añorar con esta vehemencia a quien deseo tanto tener a mi lado.
¿Será que algún día, nuevamente, la música y la lluvia nos volverán a cruzar?

No hay comentarios.: